El tiempo máximo de viaje manda sobre todo
En el transporte de personal el tiempo de viaje es una medida de confort; en el escolar es un límite duro. En los más pequeños se espera que el tiempo a bordo quede por debajo de cierto umbral, y cuando se supera el problema no vuelve como error de planificación sino como queja de los padres.
Ese límite acota directamente cuántos alumnos puede llevar un vehículo. Uno con capacidad para 16 puede tener que salir con 11 por el tiempo de viaje. Un plan que intente llenar la capacidad choca justo aquí.
Fusionar paradas no suele estar sobre la mesa
En el transporte de personal la distancia a pie es un mando que se gira; en el escolar ese mando suele estar bloqueado. Se espera recoger al alumno en la puerta, así que el número de paradas se acerca al de alumnos.
Esto hace que la ruta sea extremadamente sensible al orden de las paradas. Intercambiar dos direcciones cuesta unos minutos en el transporte de personal; en el escolar puede bastar para rebasar el límite.
El cálculo va hacia atrás desde la hora de entrada
El único punto fijo del transporte escolar es la hora de entrada al centro. El plan se construye hacia atrás desde ahí: hora de llegada, luego la recogida del último alumno, luego la anterior, hasta saber a qué hora hay que recoger al primero.
Esa primera hora de recogida es el verdadero asunto de casi todas las discusiones. Una ruta que sale demasiado pronto molesta a las familias; una que sale tarde llega después del timbre. Lo que zanja la diferencia es el número de vehículos — y el número de vehículos es el coste.
Compartir vehículos entre colegios
Alumnos de la misma zona que acuden a centros distintos pueden compartir vehículo si los horarios de entrada lo permiten. Es la única intervención estructural que reduce de forma apreciable el número de vehículos en circulación.
Que funcione depende de lo próximos que estén los horarios y de cómo estén distribuidos los centros. Los planes hechos a mano casi nunca lo intentan, porque ponderar juntas las listas de dos colegios es mucho más difícil que planificar una.
El transporte escolar es el problema de planificación donde las restricciones se empujan con más fuerza. Llenar la capacidad, acortar el viaje y reducir vehículos no pueden exigirse a la vez; un plan construido sin decidir la prioridad pierde los tres en la calle.